AnálisisFútbol Femenino

El termómetro del debut: las Tiburonas y la madurez de un proyecto que no se detiene

Desde aquel bautismo en 2023 hasta la reciente victoria ante Defensores de Belgrano, el equipo femenino de Aldosivi ha transitado cuatro inicios de temporada que reflejan una evolución constante. Con la estabilidad de Marcelo Rodríguez en el banco y una columna vertebral de jugadoras que resisten el paso de las categorías, las marplatenses consolidan una identidad que sabe de adaptaciones y crecimientos.

El fútbol, en su esencia más estadística, suele ofrecer patrones curiosos que invitan a la reflexión. Para las Tiburonas, el debut en cada temporada de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) se ha convertido en una suerte de termómetro rítmico: una derrota seguida de una victoria, un ciclo que se repitió con precisión matemática entre 2023 y 2026. Sin embargo, detrás de esa alternancia de resultados —caída ante Almirante Brown, goleada a Lamadrid, traspié frente a Estrella del Sur y el reciente festejo ante Defensores de Belgrano— subyace un proceso de profesionalización y arraigo que trasciende el marcador. No es solo el paso de la Primera C a la Primera B lo que define este trayecto, sino la capacidad de sostener una base humana y técnica en un ecosistema tan volátil como el fútbol de ascenso.

Si buscamos un hilo conductor que atraviese estos cuatro años de historia oficial, el nombre de Lorena Cortadi emerge con una fuerza simbólica ineludible. La mediocampista es la única futbolista que ha integrado el once titular en cada una de las cuatro presentaciones inaugurales desde aquel 16 de abril de 2023 en Isidro Casanova. Cortadi no es solo una pieza táctica para Marcelo Rodríguez; es la memoria viva del equipo dentro del campo. Junto a ella, nombres como los de Milagros Buresta, Julieta Nielsen, Valentina Fernández y Delfina Morán han conformado una estructura de confianza que permitió al club absorber el impacto del salto de categoría sin perder el norte. Es notable observar cómo jugadoras que debutaron en la Primera C, como Yohanna Surban o la propia Nielsen, han sabido reconvertirse: esta última pasó de ser una fija en la defensa en los primeros años a convertirse en la heroína del debut en 2026 al marcar el gol del triunfo.

El factor de la localía también ha jugado un papel determinante en la psicología de los inicios. Mientras que en 2023 y 2025 Aldosivi tuvo que pagar el derecho de piso lejos de casa —en la Ciudad Deportiva Luis Mendoza y en Barracas Central, respectivamente—, las temporadas 2024 y 2026 en el Predio de Punta Mogotes mostraron una versión mucho más voraz y segura del equipo. El triunfo 3 a 0 ante Lamadrid en 2024, con el doblete de Nadia Salazar y el aporte de Delfina Morán, marcó un estándar de contundencia que se vio revalidado recientemente. Morán merece una mención especial en el análisis de las artilleras: su capacidad para aparecer en los momentos de apertura de calendario es una constante, habiendo facturado tanto en la goleada de hace dos años como en la reciente victoria ante las “Dragonas”.

La gestión de Marcelo Rodríguez al frente del plantel es, quizás, la mayor anomalía positiva en este análisis. En un fútbol argentino donde los proyectos suelen naufragar ante la primera racha adversa, la continuidad del DT ha permitido que el equipo mantenga una fisonomía clara incluso cuando las piezas rotan. De la formación inicial que enfrentó a Almirante Brown en el debut histórico, solo un puñado de jugadoras permanece en el radar del primer equipo, pero la filosofía de juego ha mutado de la resistencia a la propuesta. El debut de 2026, con figuras nuevas como Agustina Díaz en el arco o la frescura de Morena Larea, conviviendo con la experiencia de Sol Cassarino y Ailén Camacho, demuestra que Aldosivi ha aprendido a incorporar con criterio para fortalecer lo que ya funcionaba.

En definitiva, este recorrido de cuatro años muestra a un Aldosivi que no solo “participa” de los torneos de AFA, sino que los compite con autoridad. La victoria ante Defensores de Belgrano en este 2026 no es un hecho aislado, sino la consecuencia de haber asimilado las lecciones de los debuts anteriores. Las Tiburonas han entendido que el primer paso de cada año no define el destino final, pero sí marca el pulso de un grupo que sabe de dónde viene y, sobre todo, hacia dónde quiere nadar. Con Cortadi como estandarte y una cantera que empieza a pedir pista, el futuro en la Primera B se vislumbra no como un desafío de supervivencia, sino como un escenario de protagonismo.

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